Behind the Twixies

Behind the Twixies

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Desde hace varios años, muchas personas me han insistido en que cuente mi historia, en que comparta con todos todo lo que me llevó a construir mi empresa y tenerla como está hasta el día de hoy. Siempre que me sugerían que lo hiciera pensaba “algún día lo voy a hacer, pero todavía no”. ¿Por qué? Realmente no lo sé, pero después de aproximadamente 8 años de estar vendiendo postres, tuve la corazonada de que talvez ya es el momento de hacerlo. Espero que disfruten leerla tanto como yo disfruto contárselas.

Desde que era niña tenía una gran afición por las ventas. Creo que el día en que los negocios y yo nos conocimos y nos enamoramos fue en los mercaditos del colegio. Era un día más importante para mí que navidad o mi cumpleaños. Planeaba con semanas de anticipación qué iba a vender y me fascinaba después de las ventas contar mi dinero y decidir qué iba a comprarme con él. Felicidad pura.

Cuando tenía alrededor de cuatro años, mi tía abrió un café y mi mamá y mi abuelita (Mimi) empezaron a hacer pasteles para que ella los vendiera en el café. Todos los pasteles los horneaban en la cocina de la Mimi y con los años ambos negocios fueron creciendo y creciendo y yo poco a poco, me fui volviendo fan de las tres. Recuerdo que entrar a la cocina de la Mimi era un paraíso. Mi mamá decoraba lindísimos pasteles, la Mimi hacía un Struddel de manzana y ocupaba una mesa entera para poderlo estirar, había cubetas de chocolate, cajas de chocolate chips, costales con harinas para cupcakes, y muchísimos otros ingredientes que engordan, pero hacen delirar. El olor era espectacular. Se podía sentir desde afuera de la casa y desde el segundo en que lo sentía, se me activaban todos los deseos de entrar y vivir toda la experiencia de esos deliciosos pasteles. Yo veía esa cocina y a todos los que trabajaban en ella con corazones en los ojos. Me enamoré de ese mundo.

Poco a poco fui uniendo mis dos pasiones: la cocina y los negocios. Empecé a cocinar postres como brownies y galletas y se los vendía a mi familia (a veces los obligaba a comprarme). Cuando estaba de vacaciones me encantaba irme al trabajo con mi mamá y me ponía a experimentar. Leía recetas de sus libros de cocina y probaba una receta cada vez. Ellas me dejaban hacer lo que quisiera y yo era una niña verdaderamente feliz.

Brandstory

Una de las mujeres que más admiro en este mundo, J.K. Rowling, autora de Harry Potter, habló en un discurso a los graduandos de la universidad de Harvard sobre los beneficios del fracaso. Ella cuenta la historia de cómo haber “fracasado” en varias áreas de su vida como su matrimonio y su economía la llevó al éxito que tiene hoy en día.

Conforme fui creciendo empezaron a surgir problemas económicos en mi familia. Al principio eran manejables, pero con los años se fueron saliendo de control y en el 2008, cuando tenía 16 años, tocamos fondo. El dinero simplemente ya no era suficiente. Mi mamá trabajaba y trabajaba, pero su empresa se estaba viniendo para abajo y mi papá hacía el esfuerzo por ayudarnos, pero también tenía otra familia que mantener. Un día mi mamá me habló y me dijo que había conseguido una buena oportunidad de trabajo pero que era en Canadá y que iba a tener que irse por unos años y que después podíamos llegar nosotros cuando ella se instalara. Como una semana después ella y mi hermano (quien regresó un año después) se fueron y de verdad… no se me ocurre un solo día de mi vida más doloroso que ese. No entendía cómo era posible que, así como así mi familia estaba completamente dividida. Estaba triste, enojada, frustrada. No se me ocurría que años después iba a estar sentada en mi cama, escribiendo esta historia con mi familia en mi casa y contando como todo esto tenía un por qué y era parte de un plan perfecto que Dios tenía para nosotros. En ese momento fue muy difícil porque no queríamos hablar del tema con nadie. Nos daba muchísima vergüenza.

En todo ese período entendí que necesitaba hacer yo mi propio dinero y decidí quequería hacer mi propio producto. Un postre me parecía bastante lógico ya que conocía tan bien ese mundo y me gustaba. Quería hacer un postre tan rico que no me lo compraran por ayudarme sino porque fuera tan bueno que la gente se volviera adicta a él. Empecé a hacer pruebas de alfajores. Hacía receta tras receta y ponía a todos a probarlos. Al principio me decían “están ricos” solo así… “están ricos”. Definitivamente no era la reacción que quería y seguí probando hasta que un día, encontré LA receta. Probaron los alfajores y se quedaron mudos saboreándoselos y supe que mi trabajo de investigación había terminado y empecé a venderlos. Me compraban mis maestras, las mamás de mis amigas, mi familia y otros conocidos. Poco a poco fui vendiendo más y más y cada vez me enamoraba más de ese poder de hacer mi propio dinero.

En el 2010 me gradué del colegio. En el 2011 entré a la Landívar a estudiar Ingeniería Industrial. Ese mismo año, tuve que buscar un trabajo porque tenía que pagarla. Mi mamá nos estaba ayudando muchísimo desde Canadá, pero todavía era necesario que todos trabajáramos para pagarnos nuestros estudios y creo que, al mismo tiempo, de verdad queríamos hacerlo. Con apenas medio año de estudio, la única opción que podía darme la cantidad de dinero que necesitaba fue un call center. La gente era agradable, mis jefes eran agradables, pero (y no quiero hacerle mala publicidad a los call centers), lo odié. Estar sentada ocho horas viendo una pantalla negra con letras verdes me volvía loca. Me recuerdo que miraba en la ventana los carros peleándose y bocinándose en el tráfico y sentía envidia. Prefería estar sentada en el carro con carros bocinándome que en mi escritorio. Fue entonces que decidí que era el momento de llevar el negocio de los alfajores a otro nivel y empecé mi plan de negocios. Escribía todas mis ideas en hojas entre llamada y llamada. Qué productos iba a vender, cómo iba a lograr venderlos, cuánto dinero necesitaba para empezar… Lo único que me faltaba era el nombre. No me gustaba ninguno. Entonces un día me dijeron que le pusiera mi nombre. Yo pensaba que iban a pensar que era muy egocéntrica, pero finalmente me convencieron de que algún día iban a vincular mi marca con mi historia y eso iba a darle un valor distinto a la empresa y me decidí. Mi hermana, que es una doctora muy polifacética, me ayudó a diseñar nuestro primer logo y empecé con mi proyecto. Hice pruebas de distintos postres. Un día hice unas barras de galleta de mantequilla con caramelo y chocolate y puse a mis hermanos a probarlos y ¡se volvieron locos! Fue ahí cuando nacieron los Twixies y hasta la fecha discuten por quien de los dos fue el que les puso ese nombre.

El día que nacieron los Twixies fue el día en que Muriel Postres Gourmet se fue para arriba. Mi punto de referencia de que todo iba bien era que muchas personas desconocidas estaban empezando a comprarme y crecía de forma exponencial. La gente amaba los Twixies.

En el 2012 mi mamá regresó de Canadá. Ya las cosas habían mejorado muchísimo y tomamos la decisión de enfocarnos en sacar el negocio adelante juntas, nos volvimos socias y ha sido la mejor decisión que pude haber tomado para Muriel Postres Gourmet. Ella me ayudó a crecer el negocio en lo que yo estudiaba y juntas fuimos desarrollando nuevos productos, ideas, mejoras y poco a poco pasamos de vender 15 cajitas en nuestro día más fuerte a más de 300.

El año pasado, algo muy raro pasó. Yo pasé toda mi carrera diciendo “el día que yo me gradúe, empiezo la búsqueda de un local y los recursos para montarlo”. Yo gané mis privados un martes, celebré como nunca el viernes y el siguiente lunes recibí una llamada. Fue una increíble propuesta por parte de una gran persona que nos llevó a abrir tres meses después nuestro café en Arkadia. Ha sido el proyecto más estresante y al mismo tiempo más emocionante de mi vida y a veces estoy sentada en el café trabajando en mi computadora y volteo a ver el local y no me la creo, de verdad… No me la creo.

Ahora miro hacia esos momentos de frustración en mi vida y entiendo que lo que en ese momento se sintió como un fracaso, fue en realidad lo que me fue empujando hacia cumplir mi más grande sueño que era tener mi propia empresa. Definitivamente no creo que la única forma de cumplir nuestros sueños sea pasando por dificultades, pero sí creo que muchas veces las dificultades son las que nos llevan hacia nuestras metas y sueños. Hoy en día no cambiaría absolutamente nada de mi historia e incluso le doy gracias a Dios por haberme enseñado todo lo que tenía que aprender. Probablemente hubiera logrado abrir mi empresa porque es lo que yo más quería, pero fue este proceso el que me ayudó a lograrlo a los 19 años. Gracias por quedarse conmigo hasta el final de esta historia y espero que pueda servirles a todos aquellos que están en busca de crear su propia empresa, como una prueba de que el mundo tiene posibilidades infinitas y todo lo que se requiere para alcanzar nuestras metas esdecidir a dónde queremos llegar y no detenernos hasta lograrlo.

Muriel

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